nuevas razones para raskólnikov -fragmento

“uno sabe que tiene una esencia cuando, pasados los años, y bien ejercitado por exposición en el cinismo, vuelven los golpes de entonces ha traerte la vulnerabilidad. yo siempre he sido alguien sensible; no sólo pensando en la acepción artística o fraternal del término, sino volviendo al sensible básico ―lo que entendíamos por ello cuando éramos niños. soy alguien con un lado bastante frágil y ello no me lo recuerda ninguno de los alaridos que doy a las quinientas, ni de las lágrimas renuentes si las preciso, ni mis acciones, porque casi no sucumbo a necesidades que considero mezquinas, o no por mucho tiempo, aunque las padezca de vez en cuando intensamente. así lo he hecho con el amor que a veces he sentido o siento, lo he hecho con el dinero del que casi prescindo, con el hambre que he acostumbrado a lujos y a nada, con las oportunidades de “triunfar en la vida” si es que son las mismas con las que nos hacen daño los puercos; con algunas mujeres si ya no son para mí ni yo para ellas. pareciera que en los últimos años me he dedicado a ser un hombre que necesita poco ―porque en realidad lo que quiero es mucho, y quererlo es bastante. salvo la educación de mi familia, la amistad y la ayuda de algunos pocos amigos, la belleza y el calor de ciertas mujeres, el cigarro ―que es mi atadura al peso; soy poeta y tenía que hallar una forma tangible de autodestruirme― eso es todo lo que tengo por ceder y rendir y,… finalmente, estos metarrelatos sobre mí mismo porque soy egocéntrico, parece que estoy solo por gusto, abocado a reinventarme y vivo verdaderamente como un ser de símbolos, el animal metafísico que parecía extinto o un espíritu con sed de absoluto en un mundo colonizado por la estupidez ―esa última manifestación de lo diabólico. me río de esta obscena musicalidad, lo debo y lo quiero. y así como es parte de mi negocio hacer que te imagines cosas o que desees las que no sabes que quieres (pero que sospecho y me gustaría que sí), algunas veces es hacerte dudar o que te dé vergüenza lo que haces o dejas de hacer ―¿por qué lo haces? pero en otras embadurno con sangre las puertas de las casas donde hay odio, a ver si te simpatiza y coincidimos. la desgracia ha hecho de mí un aristócrata de ciertas pasiones electas en la justicia que por lo menos un día bebimos como agua nueva ―acontecimiento que recuerdo como si hubiera hecho de él una medalla que yunto sobre mi vida tal hacen los toros al sol. aunque desconfío si es lo conducente esta condición de minoría; hablo como si pudiera saberlo tentando frutas nacidas a la sombra de lo que escuchas, y calo la verdad y me alerta su veneno si desde las casas del odio echan luces para verme niños con marinera que en la escuela aprendieron el error”.

0 notes, June 16, 2011